domingo, 26 de mayo de 2013

Cuando el mundo me arrancaba las sonrisas una a una...


Cuando me encontraba ahogada entre mis propias lágrimas, cuando sentía que no sentía nada.. ahí estuviste. En los días que estaban pintados de un negro carbón, solitario, triste. En las lágrimas más ácidas, de esas que queman, escuecen y te hieren el alma. En los peores y mejores días, ahí estuviste tú. Si tú estabas allí nada de lo que nos rodeaba tenía ninguna especie de sentido, todo giraba, se transformaba, se olvidaba. Tú significas el olvido de la tristeza, eres la sonrisa personificada, la luz del final del túnel. Eras tú el que podía sacarme de cualquier agujero en el que me encontrase, más o menos profundo, eras tú.  Tú me cogías la mano y me hacías fuerte como un sol de verano a mediodía, brillante, radiante y sonriente. Cuando más frágil estaba la situación, más débil era el momento o simplemente más destructible estaba... eras tú el que me daba coraje a sobrevivir.

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