miércoles, 29 de febrero de 2012

lo que digan los demas no vale nada .

Nos creemos muy maduras, y seguimos llorando por cosas de crías. Como cuando éramos pequeñas, cuando el chico de clase que nos gustaba no nos dejaba las pinturas. Nos creemos muy mayores, y seguimos siendo unas niñas, no lloramos por muñecas, pero lloramos por action men de carne y hueso. Nos dejamos manipular como niñas; no nos roban la nariz, pero nos roban el corazón. Nos enamoramos con facilidad, y nos roban los besos, las esperanzas, nuestros sueños y a veces la dignidad. Presumimos de madurez y, no nos engañemos, seremos muy maduras para unas cosas, pero para otras somos principiantes, no tenemos ni puta idea. Pero lo que me revienta es que con 15 años, no pueda presumir de madurez, y niñas de 10 digan que han sufrido por amor... ¿quién te ha dejado Pocoyo? Los problemas crecen cuando nosotros crecemos, si ahora sufrimos por algún capullo, ¿qué va a pasar si nos deja nuestro marido? Realmente, me considero madura, suficientemente madura para tener 15 años, pero hay cosas que todavía me superan. Y es que es así, la fortaleza, se consigue dándose ostias, y las ostias que nos da la vida ahora, en unos años estarán multiplicadas por 10, por 15, por 20 y no podemos dejar que esas cosas que nos hacen daño nos hagan pedazos hoy, porque ¿qué será de nosotras cuando realmente seamos mujeres hechas y derechas? Dejemos de presumir de madurez, porque no podemos hacerlo, disfrutemos de la falta de la misma durante el tiempo que nos queda, o acabaremos solas y amargadas. Es momento de disfrutar, de sentir, y de llevarnos ostias de todos los lados, para aprender, para madurar. Porque madurar consiste en aprender, y la única manera de aprender es metiendo la pata hasta el fondo, la única manera de aprender es vivir.

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